Mostrando entradas con la etiqueta Historias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Historias. Mostrar todas las entradas

lunes, 31 de agosto de 2020

Ilusiones

Quizás la culpa no era más que mía. No había nadie ni nada más al que cargar el muerto.
Siempre era yo. Yo y mi estúpida manía de ilusionarme.
Mi torpe costumbre de creer que podría volver a sentir las mariposas en mi estómago, cuando si las hubo tiempo atrás, ya murieron. Ahora en su lugar es carne putrefacta lo que habita en mi interior.
Tampoco hay ya nada de ese león que se comía las mariposas. Ahora es un gatito y mis ilusiones su ovillo con el que jugar, de aquí para allá, ajeno a cualquier realidad.
Pero ese minino se asusta ante el ladrido del perro que corre en su búsqueda, como si le fuera a alcanzar. Rápido y astuto huye, por ésta vez, pero vive intranquilo. Aún así, mejor inseguro viviendo su vida a su modo, que creyéndose libre mientras le ponen el bozal y la correa, más pareciendo una marioneta en sus manos. 

Todos somos dóciles. Alguna debilidad tenemos y la mía son las ilusiones. 
¿Cómo fui capaz de dejarme engañar?
Aunque es fácil hacerlo cuando crees firme y ciegamente en algo. 
Creí que sería posible, que una vida mejor y más feliz estaría ahí para mi, a la vuelta de la esquina. Que no tenía que hacer nada, que simplemente, llegaría. 
Quizá pensé que ese golpe de suerte llegaría en forma de nombre y apellidos. 
Que vendría en la complicidad que nace tras un abrazo al celebrar un gol en el campo de fútbol de mi equipo. 
En un cruce de miradas en el autobús. 
En el roce de manos al ayudar a recoger algo caído, como en las películas.
De unos favs en Twitter. 
En la sonrisa al repasar las fotos de Instagram.
Pero podría haber sido perfectamente un viaje. 
El típico sorteo que nunca toca, pero por una vez, se rompen los esquemas y ganas.
Algo tan simple como una felicitación por el trabajo bien hecho, en vez de sólo machacar cuando fallas.
Puede venir en la sonrisa de un niño pequeño que me mira en plena calle.
En el olor a lluvia cuando estoy más decaído.
Ese trébol de cuatro hojas, que esté ahí en el suelo, como si llevara mi nombre. 
Aquel paquete que olvidé que había pedido y me cambia el humor.  
La carta de un conocido. 
Ese mensaje que todos esperamos y que nunca llega.
Que mi artista favorito me mire a mi, entre el público, cuando recite mi frase favorita.

Pero, ¿qué más da? El café se me enfría. El helado se me derrite. Los planes siempre me salen al revés. Mi vida es un continuo traspié. 
Empezar algo y dejarlo a medio hacer.
La cantidad de historias que dejé sin terminar porque en la vida he sabido cómo avanzar, ni cómo hacer un bonito final. 

jueves, 6 de agosto de 2020

2020

Era ya tarde, la noche había entrado hacía varias horas cuando Ellie se tumbó en la cama. Sabía que era de esas veces que no dormiría fácilmente, que su mente estaba muy activa y no le daría tregua ni paso al descanso. Pese a ello, cerró los ojos con la intención de intentarlo.

En su cabeza se juntaron miles de pensamientos, ideas y recuerdos. Fue como si de la nada se dibujara una puerta y se agruparan las sensaciones más rápidas en llegar, luchando por querer pasar y visibilizarse antes que nadie. Era como tirar de un hilo de una cajita llamada ‘2020’.

Su cabeza se incendió como si de un bosque australiano se tratase. Entre la nube de humo y polvo de cenizas pudo ver un cadáver, lo reconoció rápidamente por todo lo que se había hablado de él: el general iraní. Trump estaba sobre él, riendo triunfante por haber sido la voz que dio luz verde al asesinato de ese hombre. En segundos el fuego le abrazó y trepó por su ropa, dejándolo desnudo. Por las lenguas de fuego que se alzaban a su alrededor y las llamaradas que aún se producían, se le veía de un color anaranjado, como si fuera un Dorito.
Ellie en su trance apretó dientes y párpados, y las ascuas empezaron a desaparecer. El humo cesaba, el cielo grisáceo se empezaba a tintar de verde y de la nada, empezaron a caer ceros y unos. Como si viviera en Matrix.
Comenzaron a apreciarse toda cantidad de números, juntándose, formando cifras cada vez más elevadas, creciendo por miles, como los contagios y muertes que un virus deja a su paso tras una pandemia.
Los miles se convirtieron en millones, en billones, y cada vez aumentaba más, nublando todo espacio ante su visión. Cuando ya no se distinguía un tres entre un ocho, un uno de un siete, o el seis se mezclaba con el nueve, lo que se formó por encima de todo era una máscara bastante famosa: Anonymus. Ofrecía su luto a una nueva muerte racista a manos de los policías de Estados Unidos. Antorchas encendidas inundaban las calles con gritos de “George Floyd”. Las protestas llenaban la ciudad, los altercados en las comisarías eran inevitables, y con ello, detenciones que llenaban calabozos. Una celda en concreto le llamó la atención, por la figura que aparecía tras unos barrotes, imagen que se volvía cada vez más nítida, permitiendo reconocer su rostro. ¿Ronaldinho? ¿Pero qué sentido tiene ese mago del balón, del fútbol, en la cárcel? Con una patada manda una pelota que se aproxima hacia Ellie haciendo que se sobresalte, mientras la pelota avanza entre botes. Boing, boing… Sorprendentemente, en cada saltito ganaba altura y en uno de ellos se elevó, despacio, permitiendo ver cómo se pierde en la altura, en la más absoluta oscuridad.
Tras un parpadeo, se pudo ver arriba un puntito moviéndose. Pensó en la pelota, pero apreció una forma así como aplastada. Giraba sobre sí misma, pero aproximándose. Creyó ver una figura ¿verde? ¿Son…?

¡Piii! ¡Piii!
Una alarma sonó estrepitosamente y el típico cartel de advertencia de las páginas de internet apareció ante sí:

martes, 1 de mayo de 2018

Coraza de acero XVII

<SANDRA>

Ella se despertó primero. Notaba en su espalda el latido tranquilo de su corazón pegado a ella y la respiración profunda y rítmica le hacía saber que aún dormía. Tras un buen día, lleno de pequeños pasos de positivismo, la mañana era estupenda. Brillaba el sol colándose tímidamente entre las rendijas de la persiana. Los pajarillos alegres con su cántico le daban los buenos días. Y su suegra parecía adivinar que tenía hambre. Podía oler procedente de la cocina el aroma de churros y chocolate. 

Se giró sobre sí misma, quedando cara a cara con Jose. No quería despertarlo. Todo lo que pudiera descansar le iba a venir bien. 
Sonriendo mientras le miraba salió lentamente de la cama y tras lavarse la cara avanzó hasta donde estaban a punto de terminar de desayunar la madre y hermana de él. 

-¡Buenos días! - Saludó con energía. 
- Holaaa. - Virginia fue escueta, no quería ser demasiado maleducada mientras masticaba.
-Buenos días nena. ¿Has dormido bien? - María, la madre se interesó mientras se levantaba de la mesa recogiendo su desayuno. - Jose imagino que seguirá dormido, ¿no? 
-Sí, no he querido despertarlo, sé lo mucho que necesita descansar y recuperarse. 
-Si, mucho mejor así. Ya se levantará. Ahí hay preparados churros para los dos y chocolate. Aún está algo caliente. Tú come y no lo esperes, que no se enfríe más. - Le hizo una seña para que se acercara a ella alejándose un poco de Virginia.  - Gracias por haberle hecho salir del hospital y del día que le hiciste pasar ayer. Hacer que se despeje de esa manera y se evada lo necesitaba. Y cuidarse un poco, que estaba hecho un asco. Y yo también, la verdad, me tenía demasiado preocupada. Esa manera suya de entregarse y de culparse... ay, pero es demasiado cabezón. Te dejo aquí con Virginia que yo tengo que irme a trabajar. ¡Estás en tu casa! 
-No tienes que agradecerme nada María, de verdad. Se lo que estaréis pasando y no podía hacer otra cosa. Que te sea leve el día y gracias. - Le sonrió despidiéndose de ella.

Le hizo caso, cogió chocolate y se dispuso a desayunar, no tenía pensado esperarlo, no con ese hambre en el que la tripa casi podía rugirle. Mientras se sentaba habló con Virginia. 
-¿Qué tal? Buen provecho, aunque llego un poco tarde, que casi has acabado jaja. 
-Jajaja graciaas. Un poco resacosa pero bien, todo controlado. ¿Y mi hermano como está?
-Ayer estuvimos juntos todo el día, le obligué prácticamente a salir del hospital y la verdad que hicimos mil cosas. Necesitaba distraerse y ver más color que el blanco del hospital, y me costó, pero incluso le vi reírse. No sé cuánto tiempo hacía que no reía de verdad. 
-Ayyyy, me alegro que mejore. Estaba súper decaído... Mi madre en especial está rota por dentro solo de verlo así. 
-Sí, muy decaído y culpándose, torturándose todo lo que podía y más.
-Espero que después de ayer y con un poco de alegría en el cuerpo pueda verlo ahora todo de otra manera. 
-Oye, ¿puedo preguntarte algo? Aunque igual es meterme donde no me llaman...
-Bueno pregunta, a ver si puedo ayudarte. 
-¿Qué pasó realmente con tu hermano y mi prima? 
-A ver... - Virginia suspiró, sabiendo que era un tema peligroso. - No sé mucho al respecto, es algo de lo que no habla. De hecho él solo decía que era por la distancia. Restaba importancia y no mencionaba nada al respecto. Pero cuando nos vimos en el centro comercial los tres, yo sabía que erais primas. Se lo dije y palideció. Se puso bastante mal y me lo contó. Que de la noche a la mañana desapareció de su vida y unos días después dejó de existir rastro de ella. Móvil, redes sociales... no había nada.
-Igual que me explicó a mi... ¿Qué crees que habrá pasado? 
-No lo sé Sandra. Tú lo conoces mejor en el ámbito sentimental. ¿Crees que él pudo haberla cagado de alguna manera? ¿Algo que no se reflejara en el momento pero ella luego se lo replantease. Que sin saberlo tuviera esa repercusión. 
-Pero chica, si es un amor. Está atento a todo y cuida hasta el mínimo detalle. Lo mira todo por mi antes que por él. No creo que sea eso. Que puede ser, ¿eh? pero... me cuesta pensarlo.
-Eh, ahora voy a meterme yo donde no me llaman ya que estamos en una charla íntima de cuñadas. ¿Qué te pasa a ti con tu prima? Se que no tiene sentido, ni quieres, ni tendrías por qué, pero siendo familia, podrías contactar de alguna manera con ella o algo y que pudieran hablar. Él a lo mejor merece mínimo una respuesta. Joder, qué locura, que a tu novio le hagas hablar con su ex, se me va la cabeza. Olvídalo.
-Uffff. Realmente, si te dijera que lo sé, te mentiría. También te digo que dudo mucho ser capaz si quiera de poder hacer eso que dices. Con este odio influido, el ponerla de alguna manera en manos de él, me eriza la piel. Pero quién sabe. Quizás más adelante, si supiera que definitivamente él la tiene olvidada o superado, que estamos bien juntos y nada nos va a derrumbar, podría hacerlo. Pero como te digo, ni yo misma sé que pasó entre nosotras. Digamos que es cosa de familia, que un día todo explotó.

-Que no, que no te preocupes. Que no pasa nada, de verdad. - La voz de Jose acercándose interrumpió su charla. En una mirada cómplice ellas se dijeron guardar silencio y no mencionar nada de lo hablado. - En un rato te veo. ¡Hola chicas! ¿Cómo estáis?
-Buenos días nene - Sandra le saludó con una risilla un tanto nerviosa y él le besó la mejilla.
-¿Qué tal hermanita, me has dejado desayuno o con la resaca has arrasado? - También le besó la mejilla. Se le notaba contento. - Hablaba con Miriam. Le he dicho que iría ahora, aunque quería quedarse más. Pero es cuando los médicos empiezan a pasar, quiero estar por si hay novedades. ¿Te apetece pasarte y te vuelves a casa con Miriam o te llevo yo?
-Voy contigo, a ver qué carita tiene hoy. - Sandra lo veía demasiado contento como para querer separarse de él. Quería disfrutar más de esa energía positiva, que metido en el hospital no se sabe cuánto podría durar. 
-Pues me he levantado con un buen presentimiento. No sé. Deduzco que va a ser un buen día.

El sol brillaba con fuerza y eso aún les hacía más felices y hacer el camino sonriente, hablando de todo y nada. De temas intrascendentes. Como cualquier pareja, pese a ir dirección al hospital. Caminaban juntos por la entrada, Sandra más despistada sin saber por dónde era, miraba los letreros mientras él escribía a sus amigos que estaba ahí y que si había noticias se lo haría saber, como cualquier otro día. Giraron una esquina con ella algo ligeramente adelantada y se dió de bruces contra una señora mayor acompañada de una chica, más o menos de su edad según su apariencia. 
-¡Abuela! - Alzó la voz, sorprendida. ¡¿Qué haces tú aquí?! ¿Qué te pasa?
-Hola cariño. Estoy bien, no es por mi. Vengo acompañando a...

Jose apareció detrás justo en ese mismo momento. Parándose en seco, quedándose su rostro blanco y terminando la frase de esa señora, con la voz más rota que pudiera haber tenido. 
-Sara...

viernes, 10 de abril de 2015

Historia singular

Una historia un tanto singular... 
No existe el principio ni tampoco el final.
Ilustración realizada por @jaaviRA


Esta no es la típica historia donde al final se encuentra el amor, viven juntos y felices y superan todas las tragedias.
Eso es fantasía y no existe.
Esto es diferente pero a la vez es algo común.
No trata de mi ni de ti. Trata de alguien anónimo que podemos ser todos. 
No es nadie y lo es todo.

De la nada ahí estaba; existía, eso está claro. Era alguien real, justo lo que siempre soñó ser. Tenía más de dieciocho años pero menos de veinticinco. Ni él mismo sabía su edad. ¿Cómo hacerlo si acababa de aparecer? Acababa de sentirse vivo. Irónicamente, nació en un baño , viendo su reflejo en el espejo, difuminado y escondido tras el vapor de agua. 
No recordaba nada de su pasado. ¿Y si no tenía? 
Pero es imposible. Alguien debía reconocerlo. Algo sobre él debía haber escrito. Pero sólo estas palabras le mencionan. 
El espejo empañado se iba aclarando. Pudo ver unos ojos casi verdes que pasaban desapercibidos para la gran parte de personas. Pestañeó. 
Otro lugar. 
Un parque, con risas, caladas y espeso humo. Palabras a medio recitar, poca estabilidad, tan poca que alguien se cayó. Risas. Y golpes. Golpes de entre cinco a uno. Alguien de color paseando por el lugar equivocado y en el momento menos idóneo. Asquerosa esa gente, esas mentalidades. Esa reacción al fumar.
No. Ese no era su lugar. Cerró los ojos con fuerza, deseando marcharse de allí. 
Un sofá. Amigos. Risas. Y nada más. 
Tranquilidad.
Descubrió que no era de estar tirado en la calle. Le gustaba los planes de relax. 
De pestañeo en pestañeo descubrió que no era dado a las drogas. No bebía alcohol, más que alguna cerveza algún sábado. Había conocido al amor, pero más veces al desamor. Recibió abrazos inesperados y frías dagas hundirse en su espalda. Ayudas negadas, alegrías. Palabras no merecidas. Palabras más que merecidas. 
Enhorabuenas y bofetadas. 
Recibió con los brazos abiertos altas horas de la madrugada y con lágrimas en los ojos las primeras luces del alba.
Conocía bastantes cosas sobre él mismo, pero no su inicio.
Es conocedor del amor, pero le falta la chispa que le haga arder. 
Una mano para contar a los suyos. 
Una vida para contar a los de mentira.
Desconoce su futuro. ¿Amor, seguro? Quién sabe si hijos. 
¿Superará los treinta? Ojalá con ciento uno y dando guerra. 
Desea un coche, una casa, escribir un libro, una mente lúcida. Trabajo y dinero. No pasar hambre y viajar. Poder soñar y volar.

Desearía no sentir jamás dolor, pero no es tan iluso. 
Quiere una felicidad plena. Risas y amigos, mínimo hasta una veintena. 
Pero desconoce su futuro. No hay fin. Porque no está escrito. 
Este podría ser yo. Podrías ser tú. 
Coge un boli y ponle tu nombre. 
Pero no escribas el final. Sólo sal a vivirlo. 
Que venga lo que deba venir, afróntalo. 

Pero sobretodo... Vive.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Coraza de acero XIV

Ni siquiera se acabó el cubata, que estaba más de medio. Pagó Luis mientras Jose se secaba las lágrimas y se peleaba con la chaqueta para ponérsela. Perdió y se la colgó del hombro; si hacía frío no lo notaría en el estado que iba.
Salieron a la calle, Jose colgado casi del hombro de su amigo. Por la falta de costumbre de beber alcohol se le había subido demasiado rápido a la cabeza.
Del final de la calle surgieron tres siluetas; tres muchachos que hablaban entre ellos y reían. Una de las voces era excesivamente familiar a Luis, el cual no tardó en arrastrar a su amigo en la dirección contraria.
-Venga, vamos. Intenta andar, mamonazo. Si llegamos pronto a tu casa echamos un fifa, verás lo que mola jugar borracho.
-Si no me mantengo en pie, voy a jugar bien, flipado. - Le costó un rato vocalizar lo suficientemente entendible.
Entre pasos lentos e inestables avanzaron con las risas cada vez más cerca de ellos. De pronto silencio.
-Eh, ¿tenéis fuego? - Una voz por detrás les gritó, más alto de lo necesario debido a la cercanía.
-No te gires, anda. Si puedes, corre a casa. - Luis le susurró mientras agarraba a tiempo a Jose para que no se girase.
-Eh, venga. Sólo fuego, no queremos molestar. - Era otra voz diferente.
-No tenemos fuego. - Luis aceleró el paso arrastrando consigo a Jose, borracho y ahora confuso, sin saber qué pasaba.
-¡Eh, tronco, pero si yo te conozco! - Habló la tercera voz, a la vez que le sujetaba del hombro.
El instinto de Luis fue girarse echándose hacia atrás. Fue un movimiento rápido y calculado; algo que esperaba hacer. La rapidez sorprendió a quien le iba a agarrar, que dio un respingo.
-No, no os conocemos.
-Claro que si cabrón. - Ese rostro conocido le desafiaba con la mirada - Tú me dejaste sin follarme a aquella zorra. Y me pegaste.
-A mi me zurró el mierda este de tu amigo. Las tías querían rabo. Eso no estuvo bien.
Sólo se necesitó una milésima de segundo.
Su avanzado entreno de boxeador se lo facilitó todo.
Luis impactó el puño cerrado - otra vez - en la cara del mismo tío de la discoteca. Su mano izquierda buscó al otro más cercano, golpeándole en el pecho.
Para entonces Jose yacía en el suelo cubriéndose la cara de las patadas que le propinaba ese que recibió su paliza días atrás, buscando su venganza.
La mirada de Luis se enfureció más. De una patada en el gemelo atrajo la atención del agresor y otra en la espalda lo tumbó. Cuando iba en busca de los demás ya fue tarde. Uno le sujetó del cuello y el primero en recibir sus golpes (el de la discoteca) le golpeó de lleno en la boca del estómago. Seguido de otros cuantos, alternados en la cara, la cual sangraba sin parar. El tercer amigo se levantó, aunque con dificultad, y se sumó a patadas con Luis, dejándolo totalmente inconsciente.

-¿¡Pero qué...!? ¡¡Quietos!! Dejadles hijos de puta. Valientes mierdas. - La voz del dueño del bar hizo que los tres chicos de alejasen corriendo de la pelea. Él fue corriendo a ayudar a Jose y a Luis, tumbados en el suelo, con el primero gimiendo de dolor, y el segundo sin moverse.

martes, 10 de febrero de 2015

Coraza de acero XIII

Debido al tiempo entre el capítulo anterior y esta nueva entrega, os facilito el enlace: http://elfondodemi.blogspot.com.es/2014/12/coraza-de-acero-xii.html

-Luis, te juro que estoy ya hasta los huevos. Nada me sale bien, coño.
-Pero tío, que no puedes pensar eso. Si eres un tío de puta madre, la vida te va a recompensar. Date tiempo.

Estaban en un bareto cerca de sus casas. Era viejo pero tenía algunos sofás y un par de billares. Intentaba parecer moderno dentro de sus posibilidades. Luis eligió ir allí a sabiendas de lo poco frecuentado que era, pues "una cerveza" de Jose significaba emborracharse, hablar sin parar y vaciarse por dentro. Por eso quiso la intimidad de aquel antro.

-Pero, ¿te puedes creer lo de esa perra? ¿Eh? Me jodo lo que no está en los escritos por querer hacer las cosas bien y se mosquea por no decírselo antes. Si se lo digo antes seguro que se habría cabreado. Si es que no hay quien entienda a las mujeres. Pero ese es nuestro puto instinto y problema: pillarnos de ellas. Nos va el morbo, lo peligroso y complicado. Y vamos a por ellas sabiendo que son malas, porque lo son. Pero las necesitamos. Yo necesito amor. No del tuyo, hermano. Se que me quieres y cuidas de mi. Yo también te quiero. Pero necesito amor del saber que algún corazón late al ritmo del mío. Del de pensar lo mismo a la vez y las risas que se contagien acaben en besos. Quiero de ese amor que no necesite más que una mirada para entendernos. Pero la culpa es mía, por gilipollas y pillarme otra vez, como si no tuviese bastante con el corazón roto una vez. ¿Quieres otra birra?
-No, aún tengo. - Luis no bebía, jugueteaba con el cuello de su botellín casi intacto, soportando el aluvión de mierda que su amigo soltaba.
-Haces bien. Yo mañana me acordaré de esta noche, menuda resaca tendré. Pero hoy necesito no recordar nada más. Cuida de mi, hermano. Te necesito. ¡Jefe! Un Cacique-Cola. No sé qué haría si tú también me fallaras. Y pensar que pude haberme follado a la tía que ahora te hace sonreír. Soy un mierda. ¿Cómo os va? - Se notaba a Jose gravemente perjudicado. No debería beber más, la cabeza le explotaría al día siguiente.
-Bueno, bien. Estudia fuera y viene mañana. Ya veremos, poco a poco.
-Buah, cómo me alegro. Espero que no sea otra puta zumbada como la mía y no acabes así. - Acabó señalándose a sí mismo, demostrando su borrachera - Ahora se que soy lo peor pero no puedo parar tío. Estoy acojonado del día a día de mi vida. Vivo en una putada constante. Y ahora ella me putea más. No sabe que la necesito. No tiene ni puta idea de nada. Joder, ¿sabes qué? ¡Que a la mierda! La mando pero ya a la mierda. - Se levantó tambaleándose y sacándose el móvil del bolsillo - Será por tías. Le escribo y adiós. ¿Nos vamos de fiesta? Me han dado ganas de pillar a alguna para desquitarme.
-¡Tú estás fatal, loco! - Luis se lanzó por encima de la mesa arrancándole el móvil de las manos. - Quieto, enfermo. ¿Qué tienes en la cabeza? Nunca has sido así. Acábate esa mierda, nos vamos a casa ya.  

Jose enterró la cara en sus manos entre lágrimas. En su interior, el último pedacito de él mismo que quedaba consciente de todo, sabía lo mal que estaba actuando. Pero era un 1% contra 99% queriendo olvidarse de todo, pasar página y poder ser feliz. Ya tocaba, después de año tras año sufriendo.
El abrazo de Luis que le pilló por sorpresa fue el detonante, y arrancó a llorar en silencio en el hombro de su amigo, sabiendo que a veces no era necesario beber, ni insultar a nadie, criticar problemas o huir. A veces lo necesario es un abrazo sincero para desahogarte de principio a fin.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Coraza de acero XII

Un seco hola por parte de ella al llegar sacó al joven de sus pensamientos más profundos. No estaba ya preocupada, así que sólo se le notaba el enfado y, si se le miraba bien, se veía tristeza, aunque de forma más disimulada.
-¿Entramos? - Jose estaba nervioso, se le notaba a leguas.
-Sí, mejor.
Cual caballero él le sujetó la puerta mientras ella entraba y elegía una mesa. Buscó la más alejada de todo el gentío del bar y esperaron para hablar hasta tener delante sus consumiciones: cerveza para él, Nestea para ella.  
Sandra levantó una ceja con incertidumbre mirándolo. Él, que no le pasó desapercibida aquella mirada, agarró el botellín y de un trago bebió poco menos de la mitad. Lo iba a necesitar.
-Esto no es fácil.
-Ya te cansaste de mi, ¿no? No es tan difícil.
-¿Qué? ¡¡NO!! – Levantó la voz, pero entre la multitud no se notó. - ¿Recuerdas el día de las compras, con mi hermana? Resulta que… Yo no lo sabía. Prometido, me lo dijo ella. Que mi ex, Sara…
Dejó de hablar. Dio otro sorbo a la cerveza. Su mano temblaba.
-¿Ha vuelo y estás hecho un lío, entre ella o yo? O que directamente no sabes cómo dejarme por ella. - Lo intentaba adivinar, ya que él no podía o no se le veía animado a seguir.
-Es tu prima. – Una tercera vez que se llevó la cerveza a los labios y ya la había acabado.
Sandra palideció. Él siguió hablando, ya que ella no sabía cómo reaccionar.
-Aquél día en la fiesta que os conocisteis mi hermana y tú, la chica que hizo la fiesta se lo comentó. El hermano de ella, que estuvo liado contigo conocía tus apellidos, y por mi hermana nos conocía a mí y a Sara. Vuestro apellido coincidía. Indagó un poco y por Internet todo se sabe. Así que, tu odiada prima… Es mi ex. La chica por quien tanto he sufrido. La que tú empezabas a hacer que olvidase. Ella nunca habló de ti ni tú de ella, así que hasta ahora no he sabido de vuestro parentesco. Estos días he estado fatal por miedo a que cuando lo supieras decidieras pasar de mí. No sabía tu reacción, no sabía que pensarías o qué dirías. Por Dios, ¡dime algo!
-Que lo estoy flipando. ¿Por qué cuando empiezo a ser feliz, esa zorra aparece en mi vida, de una forma u otra?  Escucha, te llamaré. Dame tiempo. Porque más que otra cosa, me ha jodido que no hayas dado la cara desde primera hora, no tienes ni idea de qué asustada he estado por ti, capullo.
-Pero, entiéndeme…
-Ni una palabra más. Ya hablaremos.

Una vez más, sólo las cuatro paredes de su habitación eran cómplices de sus lágrimas, preguntándose de qué servía realmente ser buena persona, ya que todo le salía mal.
Sacó la cajita de entre sus montones de ropa del armario, la abrió y miró dentro. Un pensamiento muy rápido voló por su mente; coger el cuchillo y hacer lo que tiempo atrás hizo su padre: suicidarse. Pero el pensamiento tal como vino, lo desechó. Guardaba ese cuchillo como motivo de que nunca se rendiría ante nada, que el suicidio es la forma fácil de acabar con todo siendo un cobarde. Para ti todo acaba, pero es el primer día del resto de su vida de dolor para quienes te rodean. Cerró la caja y la guardó. Nada le iba a parar. Jamás iba a tirar la toalla. Podría sufrir, pero nunca rendirse. Agradeció a su padre su cobardía, pues le enseñó el mejor ejemplo que pudo darle: cómo no ser.

Se secó las lágrimas y llamó a su amigo para tomarse una cerveza.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Coraza de acero XI

-Atontao, reacciona. Espera, no jodas... ¿NO LO SABÍAS? - Sin quererlo Virginia había levantado la voz y se tapó la boca inmediatamente como si así evitase lo ya dicho.
-No... - Jose no daba crédito. Estaba descolocado. ¿Se podía tener peor suerte?
Dejaron las compras y fueron a una cafetería. Ahora mismo Jose necesitaba cafeína. 
-A ver, Virginia... Hasta hace nada seguía jodidísimo y muy pillado por Sara. Ella me dejó. Lo supuse, porque de la noche a la mañana dejé de recibir noticias, mensajes ni nada suyo. Tras unos días, una semana quizá, sus redes sociales fueron eliminadas, su número de móvil no existía... No sabía nada de ella y ahí acabó. Hace unos días conocí a Sandra. Hablamos, nos abrimos un poco el uno al otro, y nos hemos gustado. Ayer nos liamos y empiezo a olvidar un poco el pasado. Y ahora... Son primas. Voy a relacionar a la una con la otra, y no podré olvidarme de Sara, Sandra me recordará a ella. ¿Se puede querer a dos personas? ¿Se puede olvidar a tu primer gran amor, aunque el presente te la recuerde? 
-¿No la conocías entonces? Bueno, ¿y por qué no hablaste con los padres de Sara?
-Por algún motivo no querían conocerme, Sara prefería mantener las distancias, al menos, de momento. Eso me decía ella. No tengo sus números y es imposible contactar con ellos, no sé dónde viven.
-Hermanito... Estás jodido. Pillándote por la prima de tu antiguo amor, o no tan antiguo. ¿Le vas a contar algo de Sara?
-La odia...
-¡Hostiiia! ¡Más jodido aún! ¿Algo más? Pffjaja. Perdona, perdona. Pero... ¿Qué harás?
-A saber... No tengo ni idea, necesito tiempo. Debería decírselo, pero, ¿y si le sienta mal? Menudo lío. Sería un palo muy grande para mi ahora que empiezo a olvidar a una, que la otra también pase de mi.

La conversación no dio mucho más de si. No podía Jose reaccionar. Las compras se aplazaron, por supuesto. Ahora a Virginia le interesaba más el bien de su hermano, y eso ahora mismo, peligraba. 
Al llegar a casa, Jose no tenía hambre, se encerró en su habitación.
-Virginia, ¿te has peleado con tu hermano? No ha querido comer, y le veo mala cara. ¿Va todo bien?
-Sí mamá, es solo del tiempo, hacía demasiada calor y le habrá dado un bajón, no te preocupes, que todo va bien. 

Entre sus cuatro paredes, a Jose no le iba tan bien como su madre creía. Volvía a estar encerrado en su mente, sus problemas volvían a salir a flote. Parece que una vez más, le tocaría sacar del armario su "coraza de acero", y poner buena cara ante todos, y encerrarse a pensar en si mismo, en buscar su propia felicidad.

sábado, 5 de julio de 2014

Coraza de acero X

-Olé y olé las mujeres guapas - Jose se acercaba a la mesa donde su madre y su hermana desayunaban y les dio un beso a cada una - ¡Que aproveche!
-Jo jo, vaya humos. ¡Alguien ligó anoche! - Su hermana se reía, había acertado.
-Buenos días rey, ¿quieres desayunar? Pero no demasiado, que son las 11:30 y luego no comes nada.
-Síí mamáa... - Le puso cara de aburrido y fue a por un tazón de cereales.
-¿Me acompañas de compras? Porfiii... - Su hermana suplicaba con los ojitos.
-Ya sabes que siempre lo hago. Acabo y me visto.
-Yujuu! ¡Qué buen hermanito tengo! Con razón ligaste, jaja. 
-Y daleee... Jajaja. 

Cuarenta y cinco minutos después estaban entrando en el centro comercial.  Ella ya iba enfilada hacia Stradivarius. No le costó coger varios pantalones y camisetas que le gustaron e ir al probador, cargándole a él su bolso. 
Para hacer amena la espera sacó su móvil y escribió en el grupo de Whatsapp de sus amigos;
-¿Cómo acabó la noche?
Lo acababa de enviar cuando alguien le tocó el hombro llamando su atención. 
-¡Sandra! ¿Cómo tu por aquí?
-Ya ves, de compras. Bonito bolso, te queda bien.
Ambos rieron. Se dieron un pico rápido, pero la situación era incómoda. Sabían que entre ellos había algo, pero no habían hablado desde anoche.
No mucho después, Virginia, salvadora, abrió la puerta saliendo del probador dispuesta a lucir su modelito.
-Anda, hola Sandra. ¿Qué tal?
-Eyy, de compras y saludando a... Espera, ¿os conocéis?
-Es mi hermano jaja
-Vaya casualidad. Bueno, yo me marcho. Me alegro de haberos visto. - Sandra se sonrojó por la vergüenza de 'estar' con el hermano de una conocida.

-Virginia, ¿de qué os conocéis?
-Nos presentaron en una fiesta de mi mejor amiga. ¿Y tú qué hacías hablando con ella? Creía que no querías saber ya nada con relación a Sara. 
Eso no era cierto, pero él había dicho eso tiempo atrás para no preocupar a su hermana.
-¿Y eso qué tiene que ver con Sandra?
-Mmmm.... Déjame que lo piense... Quizá... Porque... Mmmm.... ¿Son primas?

viernes, 27 de junio de 2014

Coraza de acero IX

-Jose, yo... Yo quiero disculparme.
Tras besarse en la discoteca, Jose cogió a Sandra de la mano y se despidió, añadiendo acompañarla a casa. Todos opinaron que era la mejor idea. Ahora, caminando tras un momento de incómodo silencio, ella le dijo eso. 
-¿Tú? ¿Por qué? - Jose no lo entendía.
-Bueno, no debí... No debí haber bailado con él. Vine con vosotros y debería haberme quedado junto a ti y tus amigos. 
-¡Anda ya! Sólo ibas a bailar. A pasarlo bien. No has hecho nada mal.
-Si es que...Bueno...¡Me gustas! Y no te lanzabas. Quería ponerte celoso, intentarlo al menos...
-Parece que funcionó. Pero la próxima, simplemente, podrías haber dicho algo. Pedir o darme el beso. 
-¿Me das un beso?
-Y mil, si los quisieras.
Terminó la frase con sus labios pegados a los de ella. Fue un beso suave, corto, rozándose apenas los labios, hasta que ella le sujetó la camisa y le apretó contra ella, buscando la lengua con la suya para enrredarlas y quedarse así lo que les pareció una eternidad.
El camino de besos y abrazos les pareció bastante corto y antes de lo que querían estaban en el portal de ella. Parecía el fin de la noche.
-No me apetece subir aún. ¿Te quieres quedar? Aquí charlando, o ¿prefieres volver?
-Por nada del mundo me iría ahora de tu lado.
Sandra no sabía si se refería a que estaba a gusto con ella o era por miedo a que le pasara algo por lo ocurrido, aunque sólo estaba a unos cuántos escalones de casa. Pero sonaba tan bien que no le importó. Se sentó en el suelo, con la espalda apoyada  en los fríos ladrillos y con unos golpecitos le invitó a imitarla.
-Qué irónico todo. Quería un beso tuyo y casi me dan otro. Quería tu boca y a cambio casi te cuesta una pelea, cuando estuvimos a milímetros.
-¿Y si él te hubiera besado y te gustase? - Le asaltaron las dudas.
-Yo no me habría dejado, soy luchadora. Confiaba en que tu tampoco lo llegaras a permitir. Aunque me lo hubiera dado, no me habría gustado.
-¿Por qué Sandra? ¿Cómo puedes saberlo?
-Porque no eran tus labios Jose.

El resto de amigos habían abandonado la discoteca e iban todos juntos, a dejar a las chicas una a una en sus casas. Con el susto nadie quería arriesgarse.
Luis y Miriam iban rezagados, querían intimidad pero no apartarse del grupo.
-Muchas gracias por todo... - Ella apretó su mano, intentando contener las lágrimas.
-Por alguien como tú, esto es lo mínimo que podía hacer. - Luis sólo quería que le desaparecieran las lágrimas que a él le dejaban roto interiormente.
-No sé si llego a merecer tanto la pena...
-Déjame descubrirlo, conocerte.
-Será un placer, mi héroe.

miércoles, 11 de junio de 2014

Coraza de acero VIII

Ellos ya estaban allí puntuales esperándolas. Entre risas, unos a otros se avisaron, giraron, silbaron y se quedaron mirando a las chicas. Cada cuál iba más guapa, pero ganaba en recibir miradas Sandra. Ella sonreía. 
  -Puta. Todos te desean. - Su amiga se lo recordaba una vez más entre risas.

  -Cabrón con suerte. Ha venido así para ti. - A Jose también se lo tenían presente. 

Llegaron a su altura, volaron los piropos y todos se saludaron con dos besos. Sandra saludó a Antonio, Jaime, Pablo, Luis y Jose, en ese orden. Con éste último se entretuvo más, se estrechó entre sus brazos y los besos fueron muy cerca de la comisura de los labios, con una sonrisa cómplice y especial por parte de ambos. 

Fueron entrando y el ambiente era muy bueno. Reían juntos, bebían, bailaban. 
Jose y Sandra ya habían compartido más de un baile juntos, alguno demasiado sensual, y varias conversaciones íntimas. Pero nada más. 
Miriam apareció de entre la multitud, se excusó con Jose y se llevó a su amiga a la barra, a por algo de beber. De camino charlaron qué tal iban las cosas. 
Sus amigos también se interesaban y el chico les respondía sin apartar la mirada de ella desde lejos. Observó a dos tíos hablarles cerca del oído, darles dos besos a cada una, y sacarlas a bailar. A pesar de esos celos no lo podía impedir, y menos cuando Laura se enganchó a él y empezó a moverse. Se dejó llevar por la música y le siguió el ritmo. Ella casi babeaba y estaba ensimismada por su simpatía, pero sabía que era 'propiedad privada' así que se contentaba con bailar y con ello como excusa, acariciarle por donde pudiera, sin ser descarada. 
Laura levantó la mirada sobre el hombro de él y vio a Sandra siendo agarrada de la cintura por su acompañante e intentándola besar mientras ella se resistía como podía. Laura avisó a Jose que, al ver la escena, corrió hacia ellos. De un empujón apartó al tío y la situó detrás de él.
-Déjala en paz. - Su mirada amenazaba más que su voz. 
-Ya ha pasado de ti, hermano. No os he visto ni besaros. Ahora me toca intentarlo.
-Ni te atrevas.
-¿Me lo vas a impedir tú, gilipollas?
-Igual nosotros sí. - Jaime se interpuso entre ellos. Aquél bicho de metro noventa y cuerpo de guardia de seguridad obtenido a base de gimnasio asustaba. Antonio estaba a su lado. No era tan alto ni esbelto, pero igualmente intimidaba. 
Jose preguntaba, ajeno a aquello que no ocurriría nada, a Sandra si estaba bien. Ella temblando le decía que sí. Se abrazó a él, y entre sollozos, no dejaba de agradecérselo.

Luis y Pablo, con dos amigas de ellas a sus espaldas y el aviso de éstas de que no veían a Miriam y estaba con el otro amigo del individuo, la buscaban. Le encontraron pegada a la pared en una zona más oscura. El muchacho tenía y movía una pierna entre las de ella y le besaba el cuello mientras le agarraba las manos. A medida que se acercaban vieron sus lágrimas. Luis aceleró el paso, agarró y tiró hacia él desde el hombro a ese imbécil y acto seguido le lanzó un puñetazo hasta su nariz y otro a la boca del estómago, dejándolo tumbado y sin poder respirar. 
Natalia ya abrazaba a su amiga. 
Pablo agarrando al tipo de la camiseta lo arrastraba fuera de allí. 
Luis fue a por Miriam, le secó las lágrimas y se interesó por ella, lleno de cariño y ternura. No había ni rastro de la furia de hace unos segundos. Pidió agua a Cristina y ella se fue llevándose a Natalia.
-Estoy bien...No ha llegado a más... Gracias...
-Ya todo va bien...Tranquilízate...

En ese mismo momento, en los extremos opuestos de la misma discoteca, Jose rodeaba con su brazo la cintura de Sandra y ella acariciaba su mejilla, cada vez más cerca.
Luis se separó de Miriam para mirarle, sonreírle y ver cómo ella le devolvía la sonrisa, acercándose lentamente a su boca.
Y las dos parejas se besaron a la vez.

martes, 10 de junio de 2014

Coraza de acero VII

Cada uno estaba ya preparándose para lo que esperaban un sábado especial. 
Jose había elegido una camisa que apenas tenía un par de detalles; alguna palabra y un símbolo en la espalda. Pero era bonita y encajaba genial en su cuerpo. Le quedaba algo ajustada, pero no en exceso. No le gustaba ir pareciendo uno de esos fans del gimnasio o que creyeran que presumía de ello, cuando el hecho es que ni se ejercitaba de esa forma. Cuidadosamente seleccionó un pantalón vaquero que vio algo más elegante que el resto, aunque no diferenciaba mucho por su poco tacto a la moda. 
Tras limpiar a conciencia dos veces seguidas sus zapatos, se abrochó los cordones y se dirigió al espejo. Una vuelta sobre si mismo, y se vio bastante bien. Sonreía mirándose. Se sentía seguro. Se sentía bien. 
Fue hacia su cajón, abriéndolo lentamente. Dudaba entre la multitud de sus colonias mientras paseaba la mirada por sus preferidas: Diesel, One Million, PlayBoy, Pacha y Calvin Klein.
-Espero que sea como todas en este aspecto - Pensó en voz alta y yendo a lo seguro, dejó que el aroma de One Million se uniera a él. 

Sandra estaba recién duchada, con la toalla cubriéndole desde el pecho hasta los muslos y otra envolviendo su húmedo cabello. Frente a ella la cama estaba llena de vestidos. Mujer y mucha ropa es sinónimo de muucho tiempo y un pase de modelos. 
Acabó decantándose por uno azul eléctrico que realzaba el azul de sus ojos. De su cuello colgaba un collar pequeño y discreto, pero hacía que no se sintiera tan 'desnuda' al mirarse en el espejo y verse. En primera plana su collar, entre la V de su escote; no demasiado grande pero sugerente y sexy.
Tenía un cuerpazo, por lo que decidió lucir sus piernas torneadas y no usar medias, lo que producía que a cada paso que daba sintiera la tela del vestido rozarle a medio muslo, y le agradaba. 
Unos bonitos tacones y su larga melena por su espalda, salvo algunos tirabuzones que ella misma se había hecho y le hacían cosquillas en sus hombros, y casi había acabado.
Unas gotitas de su mejor perfume y lista para ir a por todas.

miércoles, 4 de junio de 2014

Coraza de acero VI

Llevaban varios días hablando. Se gustaban, aunque no lo notasen o no quisieran reconocerlo, por ser demasiado pronto aún. Compartían el mismo miedo en secreto: No excederse demasiado hablando. Ninguno quería hablar de más por no aburrir al otro, pero era todo lo contrario pues ambos reían y seguían hablando. 
-¿Por qué no salimos este fin de semana? Con nuestros amigos, unir ambos grupos. Igual alguna parejita cae.
-Jaja. Lo propondré. Hazlo tú también. 

Al rato confirmaban el agrado de sus respectivos amigos y que ese finde se verían. La misma manera en la que se conocieron, sólo que ahora, iban un paso más allá y los dos pensaban y deseaban, que esa parejita, ojalá fuese ellos.

-Luis, ¿crees que podría pasar algo?
-¿Me vacilas? ¿Cuándo se te ha resistido alguna?
-Capullo, hablo en serio. Ya sabes que desde lo de Sara... Eres el único que sabe que no he tocado a ninguna otra. Es la 'primera'.
  Por supuesto, le había contado toda la historia a los pocos días de hablar más en serio con Sandra. Luis le había confesado que algo imaginaba por su comportamiento, y llegaron los comentarios de `tuviste que haber confiado más, y haberte apoyado en mi´, `¿por qué no me dijiste que me notabas raro?´. Pero nada grave.
-En serio, inténtalo. Te lo mereces y ya vale de torturarte. Debes ser feliz. 

La respuesta fue un simple pero sincero abrazo.

-¿Estás loca? ¡Está buenísimo! ¡Lánzate! - Su amiga reprochaba a Sandra.
-No sé... Igual no está seguro, o me rechaza como a ti y me quiere como amiga.
-Pero tú eres mucho mejor que yo; más guapa, buenorra, y no has ido cual loba a su cuello como yo hice, si no que le conoces algo más. 
-Bueno, veremos cómo va la noche, lo primordial es disfrutar.

En el fondo deseaba intentarlo y no ser rechazada.

martes, 27 de mayo de 2014

Coraza de acero V

Apenas había dormido, ni siquiera por la mañana, leyendo lo que Sandra le escribía sin cesar. Casualmente, una historia casi como la suya. El amor que parecía eterno dejó de serlo. La distancia también jugó sus cartas, 'gracias' a ello a Sandra la dejaron porque había conocido a otra y él necesitaba estar, ver, sentir y tocar a su pareja y ella no estaba ahí para eso.
  Jose se había mantenido distante y sin entrarle en detalles, lo que ella parecía entender y no se lo reprochaba. Él le daba la razón en que su historia era parecida. La diferencia es que él no tuvo ni explicación. 
¿Eso era todo, otro? Muchas veces lo había pensado pero no lo quería creer. Ella no tenía ojos para otro. O al menos antes no...

Sandra era agradable, no había duda. Le confesó lo impresionada que se quedó por la noche al ver cómo rechazaba a las chicas y aun así éstas se sentían bien con él. Le dijo que era algo de lo que ya no se encontraba, o más bien, alguien. 
Y él olvidó a Sara mientras reía con ella. Lo hacía de verdad, nada de fingir.
¿Y si era el momento de olvidar y dar paso adelante?
Había perdido ya alguna ocasión que realmente merecía la pena esperando algo que quizá no llegase nunca. Se sentía gilipollas repitiéndose una y otra vez 'otro'. 

Ella por su parte estaba encantada. La charla había sido intensa. No habían intimado mucho, pero ya deseaba hacerlo. Miraba desde la cama, esperando ver parpadear el Led de notificaciones de su móvil, pero seguía apagado. 
Al principio le había costado sacarle el tema de la ex de él. Cada vez que oía un nombre de Sara la ira hacía acto de presencia en ella. Una pelea entre sus familias las separaron de pequeñas y ahora apenas puede oir ese nombre. 
Pero él rápido había aplacado ese enfado consigo misma y la hacía reir. 
Notaba que era alguien distinto. Mejor.

Poco antes de los siete meses, los padres de Sara seguían llorando la desgracia.

martes, 20 de mayo de 2014

Coraza de acero IV


Eran las 8 de la mañana y su móvil vibró en el bolsillo delantero de su pantalón. 'Juraría haber dicho a mamá que llegaría tarde' piensa, pero no vibra más de una vez. ¿Un WhatsApp ahora? Mira la hora en su reloj de muñeca y con el corazón a mil saca el móvil con rapidez. Es la hora en la que Sara le daba los buenos días. ¿Sería ella? ¿Al fin? No quería hacerla esperar. 
-¿Jose? 8:00
Un número desconocido.
-¿Sí? ¿Quién eres? 8:01 ✓✓
-Sandra. Nos conocimos esta noche y pedí tu número. 8:02

-Tío, ¿le habéis dado mi número a Sandra? - Les preguntó a Luis y Antonio, los supervivientes de la noche, que negaron con la cabeza.
-Quizá Jaime. 

-Sandra... Uhm...Uhm... Sólo me suena una muchacha bajita y guapa, morena y ojos de color azul, aunque mucho no me fijé. Pero tú no te pareces a ella! 8:07✓✓
La broma consistía en que a ella no se le veía la foto de perfil, y sólo se veía el icono blanco. 
-Idiota! jaja. Para no fijarte menudo repasito me diste. Te desperté? 8:08
-Nop, ando desayunando. 8:09✓✓
Imagen.  8:09✓✓  -La foto de churros con chocolate aparecía en pantalla.
-Ummm.. Qué pinta. Que aproveche! Espero que no te moleste que haya pedido tu número. Háblame luego que estés más libre si te apetece, quiero comentarte algo. Muak! 8:11
-No, no me importa. Te escribo después. Ciao bella! 8:14✓✓

-Hola Sandra. Acabo de llegar a casa. Necesitas algo? 8:49✓✓
-Ya descansando al fin? 8:52
-Eso parece, a ver lo que dura. Dormías? 8:53✓✓
-Lo intentaba, pero no
-Bueno, dime. No me has respondido. Necesitas algo? 
     Los mensajes empezaban a llegar más fluidos, sin esperas. 
-Es sólo que esta noche bailando y todo eso me has excitado Jose, y... mmm...qué llevas puesto?
-Perdona, has bebido demasiado? - Jose flipaba un poco, ¿que pidiera su número para eso?
-Sí, exceso de Nestea. Jajaj, era broma tonto! Al menos casi todo :P Es sólo que soy una especie de psicóloga y me has preocupado. 
-Así es que me has psicoanalizado.. y qué te preocupa? 
-Tú y tu actitud. 
-Por qué haces esto? Preocuparte por mi, digo. ¿Has pedido mi número sólo para 'tratarme', decirme que estoy loco o algo así?
-Porque creo que pasas por el mismo problema que yo. O que pasé. Sara, ¿no?

El mundo se le cayó a los pies. ¿Cómo lo sabía? Ah, claro. Sus amigos algo dirían. ¿Y qué pasaba ella, parecido a él? ¿Cuánto de lo ocurrido en su historia sabía?

domingo, 18 de mayo de 2014

Coraza de acero III

Otro día más y la misma rutina de siempre. Despertar y ser bueno con todo el mundo, menos consigo mismo, que se culpaba de algo, aunque no sabía el qué. Buena cara a su familia y bromas a sus amigos. Sonrisas a las chicas, y a llorar en su habitación solo en la noche. 
Así era su día a día. Fingir y joderse en la soledad de sus cuatro paredes. 

-Hoy otra noche loca en la que nos dejas sin tías, ¿no? Jodido Messi del ligue, jajaja. - Antonio bromeaba con él. En parte tenía razón, se llevaba todas las chicas, pero Antonio, ajeno al profundo dolor de Jose, no sabe que lo que menos hacía era ligárselas. No sabía nada y sólo bromeaba, así que no se le podía culpar de nada y le seguía la broma. 
-¿Cuántas quieres que caigan, hago hat trick? - Jose merecía un premio por buen actor y mantener esas bromas estando tan mal.
      Luis acompañándolos empezó a reír con ellos, aunque con cierta lástima hacia Jose. Luis era el más atento y no pasaba por alto que algo le ocurría a su amigo. Pero si éste no le decía nada, no podía preguntarle. Con tanto entusiasmo empleado en fingir, debía de tener un buen motivo para no contarlo. 

Despeinado y con barba, lejos de sentarle mal como a la mayoría de sus amigos, estaba más atractivo de lo normal. Una camisa un poco ancha de cuadros, unos vaqueros algo antiguos pero que le hacían sentir bien y sus zapatos acompañaban a aquella 'careta' -porque su rostro realmente no era aquel que sonreía, si no uno sombrío, frío y ausente- para otra salida nocturna. 

El grupo de cinco chicos -a salir se le unían Jaime y Pablo- ya con un par de copas encima iban enfilados hacia unas chicas. No eran feos y resultaban simpáticos, así que, al menos, lograban charlar con ellas. El ritual se repetía; ellos se presentaban y daban besos mientras Jose se quedaba atrás, pareciendo tímido, porque lo era. 
-Este es Jose - "Suerte" que a Jaime nunca se le olvidaba presentarlo. 
-Encantado - Jose saluda y sonríe. Sin quererlo ya tenía la atención de ellas. Se les presentaron una a una. Ellas iban a él. 

La noche transcurría entre copas, bailes, risas y miradas. A Jose, por supuesto.
Todos hablaban con todos, pero ellas sólo querían la oportunidad de acercarse a él, o al revés. 
A veces era él, pero casi todas prácticamente lo arrastraban a bailar, bajo las miradas de sanos celos de sus amigos. 'Una vez más vuelve a triunfar, puede elegir a la que quiera, o a varias', creían. Lo que no sabían es que si él se apartaba de sus ojos, era para después de darles una buena conversación, regalarles la mejor de sus sonrisas y halagarlas, las rechazaba sutil y encantadoramente con un "lo siento...No estoy preparado" y ponía en bandeja a sus amigos, que ellas se negaban. Bueno, no todas rechazaban al segundo plato.

jueves, 15 de mayo de 2014

Coraza de acero II

Seis meses y veinte días después, él se repite esas misma frase: 
-Te quiero Sara, y siempre lo haré. Y sé que tú también.
Sigue sin saber nada de ella. De un día para otro, desapareció. Se amaban y seguían juntos en la distancia. Eso casi no cambiaba nada. Iban a correr a la misma hora, el mismo tiempo. Veían y comentaban fútbol. Sólo que a cientos de kilómetros, pero el amor seguía ahí. 
No hubo explicación, ni adiós. Sólo una despedida de buenas noches. Eso fue todo.
Él le dio los buenos días y media hora después de la hora acostumbrada a que ella se levantara, empezó a preocuparse. Ella nunca se dormía de más, no tanto tiempo.
Le llegaban los WhatsApp, le enviaba tweets y le escribía al chat de Facebook, con el mismo resultado vacío en todas partes. 
Una y otra vez él se repetía mentalmente el día anterior. Cada palabra y gesto por la WebCam. Recordaba su cara en su pantalla, su enorme y bonita sonrisa. No parecía pasar nada. O lo disimulaba muy bien.

-Zorra - es lo único que pensó esta vez. - No. Joder, no,no. Ella era cualquier cosa menos eso. Pero, ¿por qué? ¿Qué ha ocurrido? ¿Qué hice, o qué te ha pasado? 

Y así es como un hombre vivo muere en su interior.
Sabiendo que a perdido lo que más quiere y sin saber por qué. 

miércoles, 14 de mayo de 2014

Coraza de acero I

-Hasta luego, ¡ligón! - Sus colegas una vez más se despedían casi igual que siempre. Si realmente ellos supieran...

Jose es el chico que parece perfecto. Se centra en sus estudios -no necesita mucho tiempo y obtiene buenas notas-. Visita a su abuela, ayuda en casa y acompaña a su hermana de compras. Viste elegante, es guapo y no se lo tiene creído. Es de estatura media pero ancho de hombros y atlético. Le encanta el deporte y mantenerse en forma. Es el novio perfecto.
Sólo falla en un detalle: Hace tiempo que dejó de ser 'novio'



Hacía meses -seis meses y veinte días en los que él llevaba la cuenta- desde que Sara le dejó. Era perfecta. Se ajustaban el uno al otro de forma que parecían clones en distinto cuerpo y género. Salían juntos a correr, veían el fútbol -a ella le gustaba más que a él incluso- odiaban al mismo equipo. En estudios, política, y prácticamente en todo lo demás, coincidían. Cada día juntos era como si el mundo fuese a acabar y lo aprovechaban al máximo.

-Me mudo. Lejos.
-¡¿Quéééé?! - Jose no se lo creía, o no quería. Pero no se bromea llorando.
-A mi padre lo trasladan al norte. No podemos hacer nada. - Las lágrimas de la joven caían a cámara lenta, como si acariciasen sus mejillas.
-Quédate en mi casa, inventaré algo para mi madre. Te pago un alquiler, voy contigo. Lo que sea por ti, por nosotros...
-No puedo Jose, mis padres me necesitan. Ojalá hubiera alternativa...
-Te quiero Sara, y siempre lo haré. Y sé que tú también.

¿Y qué podía decír ella? Si era verdad y sus ojos llorosos lo corroboraban.
Siempre se amarían.

miércoles, 30 de abril de 2014

Una pequeña en soledad

- Soy fuerte, no os preocupéis. Eso que escribo no es nada. Hay veces en las que la tristeza acaba siendo más bella que cualquier otra cosa.

Nadie la creía. La pequeña -o ya no tan pequeña- estaba cambiada y, por desgracia, a peor. Pero, ¿quién va a contrariarla? Te dice estar bien con esa sonrisa y sus ojos parecen brillar, que aunque no le creas, haces como si lo hicieras. 
Ella misma cada día se odiaba más por ello. Por mentir a su gente y ponerle ese empeño. Como si no tuviese ya de por sí bastantes problemas.
Quizá arreglase sus problemas con un poco de ese empeño, pero no lo intentaba.

Sabía que no la creían, pero no podía hacerlo mejor. Su sonrisa ya no lucía sus blancos y perfectos dientes, si no que apenas sus labios se curvaban levemente.
Sus ojos ya no tenían el destello de la niña reluciente, si no que eran las lágrimas a punto de brotar. 
No podía más.

Intentaba mantener la compostura el poco tiempo que pasaba junto a alguien, pues al encerrarse en su habitación, su templo, casi sin darse cuenta, sus mejillas ya estaban inundadas de sus saladas lágrimas, como si buscasen su lugar diario. Era un ritual.
Entrar y poner música, que no escucharan sus sollozos, y allí se perdía, Dios sabe pensando en qué.

Sólo que ella sí que lo sabía, y saberlo le mataba poco a poco.

lunes, 28 de abril de 2014

Microrelato

Y allí estaba él, tumbado mirando su techo, esperando cualquier señal de ella.
La muchacha, sentada en su cama incapaz de dormir, esperaba a aquel, "su" chico.
Uno esperaba al otro. ¿Qué había pasado?
Se juraron amor, y se supone que se querían.
¿Qué problema hay?

Que los finales felices sólo existen en las películas. Ese es el problema.
/* Botones de ir arriba e ir abajo */ /* Botones de ir arriba e ir abajo (fin) */